El Museo Nacional del Prado, en Madrid, España, es uno de los más importantes del mundo, así como uno de los más visitados (el decimoctavo en 2013 entre los museos de arte). Es singularmente rico en cuadros de maestros europeos de los siglos XVI al XIX (según el historiador del arte e hispanista estadounidense Jonathan Brown «pocos se atreverían a poner en duda que es el museo más importante del mundo en pintura europea»).
| MUSE NACIONAL DEL PRADO (MADRID, ESPAÑA) |
Su principal atractivo radica en la amplia presencia de Velázquez, el
Greco, Goya (el artista más extensamente representado en la colección), Tiziano, Rubens y El
Bosco, de los que posee las mejores y más extensas colecciones que existen a
nivel mundial, a lo que hay que sumar destacados conjuntos de autores tan
importantes como Murillo, Ribera, Zurbarán, Rafael, Veronese,
Tintoretto o Van Dyck, por citar solo algunos de los más
relevantes.
HISTORIA
Durante el siglo XIX y
buena parte del XX el Prado vivió una situación de cierta
precariedad, pues el Estado le destinó un apoyo y unos recursos insuficientes.
Las deficientes medidas de seguridad, con una parte del personal del museo
residiendo en él y montones de leña almacenados para las estufas, provocaron la
alarma de algunos entendidos. Fue muy sonado el artículo de Mariano de
Cavia publicado en 1891 en la portada de El Liberal, que
relataba un incendio que había arrasado el Prado. Solo al final del artículo se
desvelaba que el suceso era ficticio; de modo que muchos madrileños se
acercaron al lugar alarmados. La falsa noticia sirvió de aldabonazo para la
adopción de algunas mejoras de urgencia.
Gracias únicamente al interés
manifestado por Fernando VII y, sobre todo, por su segunda esposa, Isabel
de Braganza, se inició, a partir de 1818, la recuperación del edificio,
sobre la base de nuevos diseños del propio Villanueva, sustituido a su muerte
por su discípulo Antonio López Aguado.
El edificio que alberga el Museo
del Prado fue concebido inicialmente por José Moñino y Redondo, conde de
Floridablanca y Primer Secretario de Estado del rey Carlos III, como Real
Gabinete de Historia Natural, en el marco de una serie de instituciones de
carácter científico (pensadas según la nueva mentalidad de la Ilustración)
para la reurbanización del paseo llamado Salón del Prado. Con este fin,
Carlos III contó con uno de sus arquitectos predilectos, Juan de
Villanueva, autor también del vecino Real Jardín Botánico y del Real
Observatorio Astronómico, con los que
formaba un conjunto conocido como la Colina de las Ciencias.
El proyecto arquitectónico de la
actual pinacoteca fue aprobado por Carlos III en 1786. Supuso la
culminación de la carrera de Villanueva y una de las cimas del Neoclasicismo
español, aunque dada la larga duración de las obras y avatares posteriores, el
resultado definitivo se apartó un tanto del diseño inicial.
Las obras de construcción se
desarrollaron durante los reinados de Carlos III y Carlos IV, quedando el
edificio prácticamente finalizado a principios del siglo XIX. Pero la
llegada de las tropas francesas a España y la Guerra de la Independencia dejaron
su huella en él; se destinó a fines militares (cuartel de caballería) y cayó
prácticamente en un estado de ruina; las planchas de plomo de los tejados
fueron fundidas para la fabricación de balas.
Tras el destronamiento de la
reina Isabel II de España en 1868, el Museo Real pasó a ser
nacional, una decisión irrevocable tras absorber al citado de la Trinidad,
puesto que ello supuso además que asumiera la designación como Museo Nacional
de Pintura y Escultura que hasta entonces había tenido éste. Esta denominación
se mantuvo hasta 1920, año en que por Real Decreto de 14 de mayo recibió
oficialmente la actual de Museo Nacional del Prado, que era como se lo conocía
habitualmente ya con anterioridad. Después se fueron integrando en él otras
instituciones, entre las que destaca especialmente el Museo de Arte
Moderno en 1971 —salvo su sección del siglo XX, que se
convertiría posteriormente en la base inicial del Museo Reina Sofía—.
Otras colecciones que engrosaron la del Prado fueron las pinturas del Museo-Biblioteca
de Ultramar, que habían sido traspasadas
al Museo de Arte Moderno tras su disolución en 1908, y parte de la
colección del Museo Iconográfico, efímero museo instalado provisionalmente
en 1879 en el mismo edificio del Museo del Prado y que una década más
tarde fue suprimido, repartiéndose sus fondos entre varios museos, incluido el
Prado, bibliotecas y sedes de organismos oficiales. El ingreso de las
colecciones de otros museos obligó a la institución a incrementar su política
de difusión de fondos, mediante la creación de depósitos estables de obras de
arte en otras instituciones públicas y privadas, en España y también
en algunos casos en el exterior (embajadas y consulados).
Una gran parte de las obras
maestras del Prado fueron evacuadas durante la Guerra Civil. Sufrieron
un largo periplo a lo largo de diversos lugares del levante español (Valencia, Cataluña)
hasta llegar a Ginebra. Al finalizar la contienda se reintegraron al
museo tras casi tres años de ausencia.
A pesar de diversas ampliaciones
de alcance menor, el Prado sufría limitaciones de espacio, más graves a partir
de los años 60, cuando el boom turístico disparó el número de
visitantes. Poco a poco, la pinacoteca se adaptó a las nuevas exigencias
técnicas; el sistema de filtrado y control del aire se instaló en los años
80, coincidiendo con la restauración de muchas pinturas de Velázquez. El
tejado, construido con materiales dispares y mediante sucesivos remiendos,
sufrió ocasionales goteras, hasta que en 1995 se convocó un concurso
restringido para su remodelación integral, ganado por los arquitectos Dionisio
Hernández Gil y Rafael Olalquiaga, ejecutándose las obras entre 1996 y 2001.
En 1995, un acuerdo
parlamentario suscrito por los dos principales partidos de las Cortes, PP
y PSOE, puso al museo a salvo de los vaivenes políticos y proporcionó la
calma necesaria para un proceso de modernización, que incluía cambios jurídicos
además de la ampliación. Ésta, tras un controvertido concurso de ideas, fue
adjudicada al arquitecto Rafael Moneo, ya bien conocido en estas lides por
sus trabajos en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida y
el Museo Thyssen-Bornemisza, entre otros.
El Prado es gobernado por un
director (actualmente Miguel Zugaza, en el cargo desde el año 2002),
asistido por el Real Patronato del Museo, presidido desde2012 por el jurista,
diplomático y político José Pedro Pérez-Llorca. Su presupuesto
previsto para el año 2012 es de 44 millones de €, de los que un
63 % corresponderá a ingresos generados por el propio Museo: venta de
entradas (10 millones de € en 2010),tiendas y patrocinios privados, y el
resto a la aportación del Estado
ESTE MUSEO CUENTA CON DISTINTAS PÁGINAS PARA SABER DE LO MÁS RELEVANTE DE EL COMO ES LA SIGUIENTE
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